Glucógeno muscular

Durante el proceso de la digestión, cualquier carbohidrato obtenido a través de la comida (comenzando desde el amida hasta hidratos de carbono rápidos contenidos en los dulces y las frutas) se descompone hasta que se convierte en azúcares simples y glucosa. Posteriormente, los carbohidratos se convierten en glucosa entran en la corriente sanguínea.

Esta glucosa puede ser utilizada para la ejecución de actividades en tiempo real (por ejemplo, a la hora del entrenamiento) o puede ser acumulado como un depósito de energía para realizar las actividades futuras. En una primera instancia, el organismo une a la glucosa a las moléculas de glucógeno, pero cuando los depósitos están llenos, las convierte en grasa.

¿qué es El glucógeno?

El glucógeno es uno de los principales métodos del organismo para acumular energía. Estructuralmente, este pie de una cadena de cientos de moléculas de glucosa, razón por la cual se clasifica como un carbohidrato complejo. El glucógeno es comúnmente conocido como el «almidón animal», ya que sólo se encuentra en los organismo del reino animal.

Cuando los niveles de glucosa en la sangre disminuyen (por ejemplo, si ya se han pasado muchas horas desde la última comida o entrenamiento), el cuerpo produce algunos fermentos que envían una señal que a su vez activa los mecanismos que convierten los depósitos de glucógeno en moléculas de glucosa, lo cual permite utilizarlos como fuente de energía.

Dónde se acumula el glucógeno?

En el organismo humano, el glucógeno se acumula en el hígado principalmente (alrededor de 100-120 gr de glucógeno) y en los músculos (aproximadamente el 1% del peso corporal). En total, el cuerpo de un adulto guarda entre 200-300 gr de glucógeno; sin duda, es posible que las reservas son mayores en el cuerpo de un deportista: 400-500 gr.

Las reservas de glucógeno del hígado son utilizadas para cubrir las necesidades de glucosa que el cuerpo puede tener en un momento dado, mientras que los depósitos de cada músculo se utilizan solamente para satisfacer sus necesidades concretas. En otras palabras, si haces sentadillas, el cuerpo utilizará el glucógeno contenido en las piernas y no en la espalda.

Reservas de glucógeno en los músculos

Para ser más preciso, el glucógeno muscular se deposita, no en las fibras musculares, pero en el sarcoplasma, que es el líquido nutritivo que rodea los músculos. Entonces, el crecimiento muscular generalmente está ligado al aumento del volumen de este líquido, ya que los músculos actúan como una esponja: absorbe.

Los ejercicios físicos regulares aumentan el volumen de los depósitos de glucógeno y del sarcoplasma, el que a su vez provoca que los músculos se vean más grandes y voluminosos. Recuerde que el número de fibras musculares, así como la contextura corporal, viene predeterminado genéticamente, y prácticamente no se puede modificar.

El glucógeno y el crecimiento muscular

Un buen entrenamiento debe cumplir con dos requisitos: una cantidad suficiente de los depósitos de glucógeno en los músculos antes de entrenar y la debida reposición de estas reservas, una vez finalizado el ejercicio. Si usted entrena sin los depósitos suficientes de glucógeno (con hambre, por ejemplo), se obliga a que el cuerpo «queme» los músculos.

Es por esta razón que la FitSeven ha escrito en otras ocasiones sobre la trascendencia que tiene la alta cantidad de carbohidratos lentos (complejos) en la alimentación. Esto es lo más importante incluso con el consumo de carnes y/o suplementos de proteínas. Usted no alcanzará el crecimiento muscular si haces una dieta baja en carbohidratos.

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