La depresión infantil

La depresión no tiene edad ni el momento adecuado de aparecer. La depresión que antes sólo se diagnosticava en personas adultas, está cada día más haciendo sufrir también a los niños. Ya no son sólo los adultos los que se deprimen.

Como detectar una depresión infantil

La la depresión infantil, según Cynthia Callahan, pedagoga de orientación infantil, puede surgir debido a cambios importantes en la vida del niño, así como debido al estrés o la ansiedad que puede estar viviendo. La pérdida de los padres, un divorcio o cualquier otro problema familiar, el bullying, maltrato, abusos, baja autoestima… son sólo algunos de los motivos que pueden llevar a los niños a tener una depresión.

Aproximadamente el 5 por ciento de los niños de la población sufre de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida, o tiene trastornos de atención o de conducta, o discapacidades en el aprendizaje o problemas de salud mental, corren mayor riesgo de sufrir depresión.

Mi hijo tiene depresión?

seguro que, en algún momento de la infancia de su hijo, de alguna madre se preguntó eso. Lo primero que se debe decir es que cada niño es único en su forma de ser. Se debe conocer muy bien al niño y saber lo que es realmente normal en su comportamiento.

No hay porque apresurarse en sacar conclusiones. Padres y maestros deben estar atentos cuando algún niño presenta las siguientes características:

– está continuamente triste, llorando con más facilidad.

– no quiere salir de casa

– pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela.

– se aleja de sus amigos y de la familia.

– presenta una comunicación pobre.

– aburre y se cansa con facilidad.

– cuenta con menos energía o concentración.

– se vuelve irritable o demasiado sensible ante pequeñas frustraciones, armando confusión o berrinches con más facilidad.

– el niño se nota muy sensible, hasta el rechazo y el fracaso.

– expresa baja auto-estima, deprecian desapercibido a ellos mismos.

– elige «finales tristes» para sus cuentos y representaciones.

– se comporta de una manera agresiva.

– se queja constantemente de dolores como de cabeza o de estómago.

– duerme demasiado o muy poco.

– comí demasiado o muy poco.

– sufre una regresión, hablar como un bebé o orinando en la cama.

– habla de suicidio.

– fala de fugir de casa.

La depresión también afecta a los bebés

Con niños de hasta tres años, los signos que deben preocuparse comienzan cuando estos niños aparecen tristes o estados de decaimiento aún que estén siendo consoladas. Pueden, incluso, que se apeguem desesperadamente a quien se ocupa de ellas, o que dejen de comunicarse.

La depresión en estos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.

La depresión en los bebés se ve reflejada en su estado de ánimo; lo que no quiere decir que el bebé llora porque está triste, sino porque da la impresión de que está apática y sin ninguna iniciativa.

en Cuanto a los signos que manifiesta el bebé, está la actitud de no rechazar los brazos de un desconocido, lo que significa que algo sucede ya que lo normal es que el bebé sienta la angustia por la separación de su madre y se ponga a llorar. Otra señal es cuando el niño no siente deseos de llamar la atención, ya que a esa edad lo normal es que el bebé quiera atraer la atención de las personas que la rodean.

Las consecuencias que puede tener la presencia de un cuadro depresivo en el bebé son varias. Puede producir un cierto retraso en el desarrollo como el inicio de caminar más tarde que lo normal, el inicio del habla, tener problemas con el sueño, somatizações frecuentes, enfermedades de tipo infecto-congagiosa debido a una disminución de las defensas biológicas que permanecen a pesar de todo el cuidado, cambios en la alimentación que mantiene al bebé en un estado de decadencia.

¿qué pueden hacer los padres en estos casos

1. No ignore los síntomas de depresión
preste más atención de lo normal a su hijo. Juega con él y así será más fácil hablar sobre sus problemas. Leer libros infantiles con temas relacionados, dibujar, pintar, construir un rompecabezas con su hijo. Debe dedicarle un momento especial y único, y así crear un ambiente más cercano y de confianza.

2. Haga preguntas a su hijo y esté atento a las pistas
Un niño en edad escolar primaria puede llegar a decir «soy tonto». No se trata simplemente de apoyarles, diciéndoles que no se pregunte sobre el por qué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc. El niño puede responder diciendo que todo es una mierda. Y entonces pregúntale lo que parece ser malo para él. Lo importante es indagar acerca de lo que el niño piensa. El niño necesita de atención, de interés por su parte.

3. Establezca y mantenga las rutinas
El niño necesita sentirse rodeado por una disciplina. Se sienten colaboradores y participantes cuando se establece un horario para cada actividad. Ellos «piden» límites. Por ejemplo: no hay nada más caliente y lleno de afecto como leer un cuento antes de dormir, y así ser obsequiado en su caminar. De esta manera usted estará diciendo a los niños que los problemas no son culpa de ella. Que todo sigue como antes y que ella es importante para usted.

4. Esté atento si el niño tiene estrés
Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño. Pregunte si su hijo no está haciendo las actividades de los demás. Si no está siendo sobrecargado de actividades. Puede ser que el niño se sienta cansada y estresada.

5. Consuele a su hijo
Nada mejor que echar de comer y siempre averiguar sobre su rutina. Estar por dentro sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, se necesita de nuevas actividades y rutinas.

Busque tratamiento médico en el caso de que su hijo comience a despegarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Usted tendrá que confiar en su instinto. Si ve que su hijo ha superado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo médico. El diagnóstico precoz de la depresión son esenciales para los niños deprimidos. Comenta el caso con el pediatra.